Primavera (abril–junio)
Generalmente considerada el punto óptimo. Temperaturas suaves, Central Park y los árboles de la ciudad en flor desde finales de abril, y multitudes que aún no han alcanzado el pico del verano. De finales de mayo a junio puede calentarse y ponerse concurrido.
Verano (julio–agosto)
Caliente y húmedo — genuinamente caluroso, no solo templado, con alertas de calor frecuentes en julio y agosto. Las atracciones al aire libre, las terrazas en azoteas y la programación gratuita al exterior están en pleno apogeo. Los precios de los hoteles alcanzan su máximo. Muchos locales salen de la ciudad los fines de semana, lo que paradójicamente hace que algunos vecindarios se sientan más tranquilos.
Otoño (septiembre–noviembre)
El otro candidato a mejor temporada — temperaturas agradables, follaje en los parques desde mediados de octubre, y el regreso de la programación cultural tras el receso de verano (Fashion Week, el festival de cine, los estrenos de Broadway en otoño). El inicio de septiembre mantiene las multitudes y precios del verano; para noviembre refresca rápidamente.
Invierno (diciembre–marzo)
Frío, a veces brutalmente, con nieve ocasional. Pero también es la época más económica para volar y encontrar hotel, excepto durante los dos semanas festivas de diciembre hasta Año Nuevo, cuando los precios se disparan. Enero y febrero son los meses de mejor relación calidad-precio si no te importa ir bien abrigado.